Mensaje del día 22-03-2009
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Esteban: Ave María Purísima.

María Santísima: Mi corazón se alegra y se complace por la obediencia de Baza. ¿No habéis escuchado la risa de los Ángeles? En el Cielo se goza por el honor y veneración que se tiene en la Tierra a Jesús Sacramentado.

Hoy queda todo estipulado y Vos sois Patriarca del Camino de Salvación.

Sé amplio y no rígido. Mi corazón late por los niños del mundo. Es un tiempo difícil y es una gran tormenta.

Muchos martirios de inocentes que no serán reconocidos en la Tierra sino en el Cielo, pues su proclamo de Santidad pasa sin ser apreciado por nadie.

En la cruz de Cristo se halla una gran grandeza, pero la mayor grandeza se halla dentro de nosotros y vosotros.

Hoy traigo el signo del fuego para que queme las imperfecciones y renueve la faz de la Tierra.

Debes de tener paz y tranquilidad y sosiego que los designios de Dios son misteriosos, pero recuerda: si fuera fácil, qué mérito tendrías.

Un alma pura y buena va a cruzar este Camino. Tened siempre los brazos abiertos para coger a todos.

Esteban: Lo siento y perdone, por las enfermedades de algunos de los que están aquí, quiero, deseo y pido que desaparezcan (lo repitió tres veces), con sus problemas y dénos unos hombros fuertes para poder llevar la Cruz. Pídale al Señor.

María Santísima: Pedid vosotros que el Señor os escucha. La pereza es hermana de la vanidad y a Dios no le complace. Así que sed con constantes con la oración, es la única puerta limpia.

Esteban: ¿Qué hacemos?

María Santísima: Rosario en mano y cumplid la voluntad de Dios aunque vaya es contra de lo que vosotros penséis. ¡Qué hermoso está todo! Tú tienes fe, ¿qué temes? Con la fe todo se alcanza.

Esteban: Quiero pediros por África.

María Santísima: Las oraciones para África caen al Cielo como gotas de agua, hasta que no se convierta en un manantial no hay remedio.

Esteban: ¿Qué quiso decir cuando dijo “los sacerdotes al agua”?

María Santísima: Al agua y al fuego, al aire y a la tierra. Es el bautismo de los pilares del templo de Dios.

Esteban: Déme fuerzas para llevar mi cruz y mi cuerpo, que no tenga este desasosiego, este miedo por todos.

María Santísima: Tú eres padre y eres madre y los padres en el mundo nunca tienen sosiego cuando tienen hijos, ni en la Tierra ni en el Cielo. ¿Requieren algo más?

Esteban: Diga a Jesús que le queremos con nuestra alma y gracias por la salvación.

María Santísima: Vos sois gota de sangre que pasa por el corazón del buen Jesús y cada vez os impulsa arriba con más gracia y más fuerza.

Esteban: Adiós, Reina del Cielo.

María Santísima: La Misericordia de Dios con su aliento os colma de bendiciones.