Mensaje del día 29-03-2009
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Esteban: Ave María Purísima.

María Santísima: La puerta del Cielo se abre y la mirada de Dios se inclina hacia el Santuario de la Rosa. Qué hermoso está todo y sobre todo qué hermoso está tu corazón. Ya lo sabes, sonríe siempre que Dios se halla en ti.

Hay una súplica del Cielo para los hijos de la Casa del Arco Iris y es la obediencia. Las trazas y metas del Señor no son comprensibles para la mente pero todas sus directrices se hallan en vuestro corazón. A Dios todo le complace y Dios en todo se halla.

Un rotundo cambio en el mundo.

Esteban: No comprendo.

María Santísima: Los hombres abren la mano y el enlace divino se está rompiendo. Hay que enlazarse a lo sagrado, que es el vínculo poderoso para que en la Tierra habite el Cielo.

Para mis hijos, los sacerdotes de la casa del Arco Iris, sabed que son los hijos predilectos de Dios y que pidan mucho, pero no por ellos, por los demás que Dios nada les ha de negar.

El agua se mece e inunda la Tierra. Llanto y dolor y martirio de almas buenas.

Esteban: El domingo de Ramos, ¿cómo lo hago?

María Santísima: Como dispongas es voluntad de Dios.

Esteban: ¿Debo cambiar algo de mi persona?

María Santísima: Piensa que todo es temporal.

Perdonad siempre y amad mucho que todo el sufrimiento que tenéis es porque Dios lo permite para salvación de nuestra alma y grandeza de Dios en la Tierra.

Esteban: Quisiera pediros una petición, quisiera que todos pudieran ver.

María Santísima: Todos tienen ojos, no necesitan más que abrirlos.

Estás ungido como Príncipe de la Potestad. Recuerda: la grandeza no es tuya, es de Dios que se ha fijado en ti.

Esteban: Ya lo sé, Madre.

María Santísima: Con estos santos óleos yo te unjo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y con todo el amor de mi corazón, cabeza de la Tierra y mano del Cielo. Cúbrete, cúbrete que es voluntad de Dios.

Esteban: Ayude a las personas que están aquí, en especial a los enfermos…

María Santísima: Mi corazón es el corazón de una madre, no cesa de pedir. Todas las madres velan y yo que soy Madre de la humanidad.

Recuerda, en el Cielo tocan campanas por tu nombre y por Baza. Qué blancura y qué inmensidad se puede contemplar por medio de tus ojos.

En ti se halla el mar eterno, seguid rezando que en el Cielo se necesita mucha oración.

Ya es hora de que todos los sacerdotes celebren Eucaristía. Todos.

De los jazmines que hay en el altar de Dios he trenzado una corona y la deposito en el Santuario de la Rosa para que sea el más fecundo y el más amado.

Hoy no requiero nada más de vosotros. Sonríe siempre, Niño Precioso, el Cielo se halla en ti.

Inclina tu Rosario. Decidle a Jesús que lo amamos con todo nuestro corazón.

(En ese instante se puso el rostro de Jesús en la columna de la Virgen.)