Mensaje día 06-03-2011
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Esteban: Salve, Redentora de las almas.

María Santísima: Soy mensajera de la paz y mensajera del amor de Dios. Que no estén tristes ni atribulados los corazones, que la misericordia de Dios es para todos mis hijos. Dios se fija en la humildad de Baza, pero la humildad está en el alma, no en los bienes. Qué bonito y qué grande está todo. Todo lo que hay aquí me halla y a Dios le hallas tú.

Las imperfecciones son necesarias para la perfección. Son tiempos de movimientos de tierra. Se morirá gran parte de los seres que hay en el mar y gran parte de los animales y de las aves y, en equilibrio, gran parte de mis hijos, pero todo es necesario para bien del mundo y bien de la humanidad. Dios cosecha en el mundo para sembrar en el Cielo.

Que no estén tristes los corazones, que yo estoy con todos vosotros y me complacen los corazones alegres que viven y sienten la presencia de Dios. Tus pruebas se están acortando. Es el tiempo del lirio y del triunfo de la presencia de Dios en la Tierra. El sacrificio que más le complace a Dios es la oración, la humildad y la obediencia. Hay que vivir sintiéndose un granito de arena, que todos pertenecen a un mismo monte y solos no son nada, Pero con la gracia de Dios, se unen y forman una roca más grande.

Coronada de flores estará para la toma de hábitos.

A Dios le complace mucho la oración de Baza, tus oraciones se escuchan en el Cielo. Lo que Dios no concede es voluntad de Dios de que sea así.

Esteban: Madre mía, preocúpese del mundo, preocúpese por las personas que me piden y guarde a la humanidad entera.

María Santísima: Las lágrimas de Cristo en el Cielo caen a la Tierra en forma de milagro, quien se acerque a los manantiales divinos a beber el agua viva, la presencia de Dios estará en él y no tendrá nada que temer.

Esteban: Quisiera hacerle otras preguntas.

María Santísima: Por hoy me voy, pero mi corazón se queda contigo. Sonríe siempre, que es la bandera de Cristo y evangeliza con tu ejemplo.

Esteban: Decidle a Dios que se le ama en la Tierra, y a usted también.

María Santísima: Siento el amor que hay en vuestros corazones, pero hay muchos de vosotros que no diferencian de lo humano a lo divino. No es tiempo de preocuparse de cosas mundanas. Es tiempo de la obra de Dios. Sonreíd, sonreíd, que en el Cielo claman las campanas por la gloria de Baza y yo os cubro con mi manto, que es la gracia que el Señor depositó en mí al concebir con mi vientre al mismo Dios. Y la bendición de Dios Padre Todopoderoso descienda sobre vosotros y la humanidad.

Esteban: A usted, Virgen bendita, ruegue por nosotros.

María Santísima: Siempre estamos rogando.