Mensaje día 17-03-2013
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Esteban: Ave María Purísima, María, Madre de Dios y Madre de Misericordia.

María Santísima: Soy mediadora de Dios y mediadora de la paz. Mi corazón se inflama con la oración del mundo. El rosario es un arma muy poderosa, que derriba las barreras de Satanás y hace que el mundo, que es el vergel de Dios, se transforme en su paraíso. Son muchos los caminos de la espiritualidad del mundo y, aunque todos estén unidos con los lazos al corazón de Dios, es bueno, por el momento, que andéis con independencia para aportar la transfiguración de Dios a todas sus Iglesias.

Son muchos los corazones que laten con la esperanza de un cambio favorable, tranquilos, que el cambio llegará.  Llega el tiempo de la paz de conciencia y de entender que Dios, nuestro Padre, lo puede hacer todo, y cuando permite nuestro sufrimiento también es por nuestro bien. En el Cielo han florecido las rosas de Jericó y yo perfumo este santuario en los siete días para recibir el aroma del altar de Dios, que sana y limpia el cuerpo y el alma.

Sé fuerte y camina con el cayado de Dios, y pronto emprende el camino hacia Etiopía, y siembra y tráete la semilla para que Cristo se afiance en todos los corazones.

Esteban: Déme fuerzas, Madre.

María Santísima: Tú has dejado de ser cordero para ser león.

Buscad el equilibrio de Dios dentro de vuestro corazón porque sois el peso de las almas mediadoras, que son los que interceden por la misericordia de Dios.

¿Ves como tu corazón está lleno de amor de Dios? Pues el corazón de Dios es más grande que todo el universo y relumbra como el oro y quema como el fuego, da consuelo como el agua y calor como el abrazo de una madre.
Abrid vuestros corazones, pues el tiempo de la transmutación ha llegado.

Esteban: Escuchad las peticiones, yo sé que usted las sabe, pero escúchelas y perdóneme mis pecados.

María Santísima: Tus pecados están todos perdonados, pues esta mañana has confesado y a Dios le agrada que se confiesen los pecados ante sus sacerdotes, son los ministros de la luz, que pertenecen a la patena de Dios.

No estés nunca triste, y sonríe siempre, que es la bandera de Cristo, y prepárate para andar camino, que la voluntad de Dios se halla en ti.

Confía en nuestro Padre del Cielo, pronto verás las soluciones de todas las pequeñas cosas. Las grandes cosas son las del Cielo. Ama y sufre, que amando se acerca uno a Dios y sufriendo se acerca a la perfección.

Recibid la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y recuerda, regala tu rosario.

Esteban: Os quiero, Madre bendita.

María Santísima: Mi corazón se inflama de tu amor y tu pasión.