REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS
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Qué bonito es el silencio y qué poco lo contemplamos. En él está la unión con Dios, la reflexión del hijo con el Padre, con la contemplación de la inteligencia que Él nos ha dado. Sin embargo, nos llenamos la vida de palabras vanas que no sirven para nada. Bueno, sí sirven, para negativizar toda nuestra vida. ¿Para qué sirven los brazos, si no sabemos abrazar y transmitir el amor que hay en nosotros? ¿Para qué sirven esas horas de diálogo si no decimos lo que sentimos y lo que amamos a la persona con quien hablamos?