REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS
Viernes, 26 de Abril de 2013 06:24
Imprimir E-mail

Qué bonito es el silencio y qué poco lo contemplamos. En él está la unión con Dios, la reflexión del hijo con el Padre, con la contemplación de la inteligencia que Él nos ha dado. Sin embargo, nos llenamos la vida de palabras vanas que no sirven para nada. Bueno, sí sirven, para negativizar toda nuestra vida. ¿Para qué sirven los brazos, si no sabemos abrazar y transmitir el amor que hay en nosotros? ¿Para qué sirven esas horas de diálogo si no decimos lo que sentimos y lo que amamos a la persona con quien hablamos?

 

Las palabras son muy peligrosas, así que hay que tener mucho cuidado con ellas. En su esencia hay mucho poder, ya que mediante ellas se está escribiendo la historia sagrada, que es la vida del género humano y divino. Si repetimos lo que otro ha dicho, sea cierto o no, lo estamos afirmando, y la afirmación es como un juramento a lo divino, es complicarnos la vida sin necesidad alguna.

¿No es más hermoso hablar de todo lo bueno que nos ha pasado en el día y no angustiar a los demás con nuestras penas? Sin embargo, nos gusta ser víctimas y que nos compadezcan, pero al ser víctimas, somos nosotros mismos los que nos dañamos. Si vivimos en presencia de lo divino, muchas de las cosas mundanas dejarán de importarnos.

Sé que no es fácil, pero si fuese fácil ¿qué merito tendríamos? Los méritos son escalones para alcanzar la perfección.

En la conversación, si hablas de temas negativos, vas a hacer que en tu entorno haya oscuridad; al contrario, si son positivos, todo se llenará de luz, paz y amor.

Siempre debemos estar predispuestos a lo positivo; eso hará que nuestros proyectos fluyan y encontremos lo que buscamos. Un ejemplo es la televisión, todo el día dando noticias pésimas. Eso hace que la moral de las personas esté por los suelos y es capaz de paralizar una economía. En España, por ejemplo, hay mucho dinero, pero el que lo tiene, no actúa ya que tiene el miedo interiorizado y espera que llegue un tiempo peor. Por otra parte, el que no lo tiene, se queda bloqueado, ya que otro ha elegido por él no tener esperanza, fe ni futuro. Llegamos al tiempo del pobre muy pobre y del rico muy rico. Pero pobre del que se sienta rico por el dinero: no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita.

Los empresarios hacen que los trabajadores echen más horas ganando lo mismo. Señores, no olviden que lo que no está bien ganado, no es bien lucido. Deben pensar que con la sangre de otro, van a acumular su riqueza. ¡Pobre de ellos! Ellos sí que son pobres, que por no tener, no tienen ni corazón.

Otros, pudiendo tener cinco trabajadores, se quedan con tres para que hagan el trabajo de los cinco, para tener más ganancia. Pero lo que se gana aprovechándose de los demás, no tendrá buen fin. Si actuaran bien, verían sus ganancias multiplicadas.

Otro caso es el de aquellos que han trabajado toda la vida en una misma empresa y, a falta de unos pocos años para jubilarse, los despiden sabiendo que no podrán trabajar en nada. Cuando pasen los dos años de paro, ¿de qué vivirán? ¿De comerse el poco patrimonio que hayan acumulado tras una vida de esclavitud al trabajo?

Hay que tener más corazón, que los empresarios les deben a los trabajadores algo más que un sueldo, ya que gracias a su trabajo han ido creciendo para arriba. Ahora, si ganan un poco menos, deben pensar que estas personas tienen que comer todos los días.

Que actúen bien y verán su recompensa. Y a todos los que solo piensan en su bolsillo, que se vayan al cuerno, dicho desde el “cariño”.

Dios no va a dejar que el género humano vuelva hacia atrás. Necesitábamos una lección para dejar atrás el orgullo y nos han tocado en lo que más nos acongoja, el dinero. Pero ya hemos aprendido. Nos sentíamos dioses encima de un pedestal, y ya hemos dejado la peana, hemos puesto los pies en el suelo y nos vemos como realmente somos: microbios en el universo, aunque a los ojos de nuestro Padre Dios, somos altares divinos.

Nuestro Padre del Cielo, que cuida de que coman los pájaros del campo, sin que tengan que sembrar ni un día, que alimenta a los peces del mar, da la fuerza a la semilla para que nazca o transmite su sabiduría para dar el instinto a los animales a la hora de procrear, ¿pensáis que ese magnífico Dios que lo ha hecho todo por nosotros, que se dignifica en estar pendiente hasta de dar permiso para que se nos caiga cada uno de nuestros cabellos (ahí se le ha pasado un poco la mano con mis entradas...), cómo va a permitir que una triste crisis, que aborrezco esta palabra, nos anule como hijos suyos que somos?

Así que ánimo, que el trabajo pronto vendrá y todo dará un giro de 360 grados. Él todo lo puede, así que ¿no vamos a poner nosotros de nuestra parte fe, esperanza y paciencia? De los pacientes y virtuosos serán los logros del mundo.

Ánimo, hermanos, que pronto veremos los resultados. Que no se nos olvide que una persona positiva, llama a lo bueno. Además, tenemos en el Cielo una Madre fantástica y Celestial, María Santísima de la Soledad, que está rogando día y noche por todos sus hijos y no cesará hasta que consiga un bienestar digno para cada uno de nosotros.

En la desesperación y el dolor, pensemos en la Pasión de Cristo y en su sufrimiento y compartamos nuestro dolor con Él: nos servirá de mucho y aprenderemos una lección en el sufrimiento, que nos hará grandes y cálidos como el Sol.

Que Jesucristo y María Santísima de la Soledad os colme de lo que necesitéis, no de lo que pidáis, pues ellos bien saben lo que necesitamos para vivir en armonía y felicidad. A veces pedimos cosas que, a la larga, solo aumentan nuestra desesperación. Tengamos fe y confianza.

Vuestro siempre hermano en Cristo,

Esteban de la Soledad.