Romeria 2011
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Un año más, Madre Soledad, os hemos acompañado en la Romería. Es un momento festivo, no cabe duda. Así lo ponen de manifiesto los vivas que resuenan durante todo el recorrido, la alegre música de la banda y la ilusión con la que todos caminamos a vuestro lado. Pero es también un momento para hacer balance, como si se tratara del final de un año y el inicio de otro nuevo.

Éste ha sido un año duro: muchos estamos sin trabajo, tenemos enfermedades o vemos sufrir a nuestros seres queridos, pero qué alegría da al echar la vista atrás y comprobar que en todos esos instantes hemos sentido vuestra presencia cariñosa y reconfortante y que nos habéis impulsado a continuar sin desfallecer.

Es momento de daros gracias por todo ello, porque estamos aquí un año más para acompañaros. Y es momento de pediros fuerzas para continuar pues sois ese remanso de paz donde nuestra alma encuentra el consuelo.

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Este año, además, hemos vivido la impresionante lección que nos ha dado su hijo predilecto en la Tierra, nuestro Padre Esteban, a través de su testimonio personal. A Él acudimos todos con nuestros problemas y enfermedades. Siempre nos ofrece un consuelo, una palabra de ánimo y nos muestra el camino que lleva a Vos, Madre Santa. Pero lo que muchos desconocen es el Via Crucis que ha vivido en primera persona en los últimos años. Le diagnosticaron un cáncer terminal y le dieron unos tres meses de vida. Los dolores causados por la enfermedad llegaron a ser insoportables hasta para Él, que lo soporta todo. Por si no bastara esto, los problemas con el hundimiento de su casa-cueva le hicieron pasar un suplicio inconmensurable. Sin embargo, su fe permaneció inquebrantable sabía que Vos, Madre, no lo abandonaríais. Ahora parece que ha pasado todo y ha querido contarlo a todo el mundo y mostrarnos literalmente las heridas de su carne.

Qué gran lección nos ha dado, Padre. Cuando por no tener, no tenía ni casa ni prácticamente vida, nos demostró que la Madre Amantísima del Cielo estaba doblemente con Usted, al igual que lo está con cada uno de nosotros en nuestras aflicciones. Cuando a uno ya no le queda nada, lo tiene todo: solo hay que poner el alma en manos de la que todo lo puede y decirle que se haga su voluntad, pues por su amor estamos dispuestos a llegar hasta el final. Esto es lo que hizo nuestro Padre Esteban. Lean a continuación su testimonio:

"Con muchísima alegría, fe, amor y devoción quiero dar testimonio del milagro que me sucedió."

De los milagros que se cuentan en la Tierra, aire y mar, no hay ninguno como los que hace Nuestra Madre Soledad. Hace ya más de tres años, cercano de un mes de abril, cansado yo me encontraba y sin ganas de vivir.

El médico me visitaba y me decía: “Es normal, tú no tienes descanso, y no paras de trabajar”. Poco a poco y día a día mi salud se empeoró, llegando a tal punto que mi pecho se inflamó.

Nuevamente fui al médico, el cual me contestó: “¿Por qué no has venido antes? Para esto tarde se acudió"

La enfermedad maligna que cáncer tiene por nombre estaba en mi mama, pulmón y el cuerpo de salpicones. Un poco quedé pasmado y después de despertar del shock, el médico me dijo angustiado: “Esto no tiene solución”

Yo le pregunté que si podía radio o quimio poder dar, y el dijo: “¿Para qué? No te va a servir de na”.

Con mi pena y mi sufrimiento a mi cueva me marché, a preparar mi alma, que ante el altar de Cristo deposité.

A los pocos días Nuestra Madre me reveló y sacado de un mensaje estas palabras me mandó: “Anda camino, anda camino, y no ceses más de andar”

En aquel momento no entendía lo que quería Nuestra Madre Soledad.

Iluminado por su mano parches me pusieron en el cuerpo que fueron pudriendo el cáncer y renovando lo nuevo.

A más de 41 de temperatura más de un año pude aguantar y siempre noté su mano para poderme fuerzas dar. Esto no fue un camino de rosas, más bien lo fue de espinas pues junto a esto se unía que mi casa se me hundía.

Viendo mi casa hundida y mi muerte muy cercana, no me quedaban ganas ni de salir de la cama.

Gracias a que Nuestra Madre Soledad ha sembrado mi vida de hijos y he notado en todo momento su calor y su cobijo.

Gracias os doy a todos y os llevo en mi corazón. Lo que habéis hecho conmigo que os lo pague el Señor.

Y por último retomamos lo que antes habíamos empezado, que sin solución ni remedio todo mi cuerpo se ha curado.

A los que estáis perdidos y no tenéis salvación recordad que siempre está con vosotros Nuestra Madre, que es también la de Dios. Y que sepáis que estoy contento por todo, incluso si me hubiera ido, pues lo importante es notar que Ella siempre está conmigo.

Y hoy en la Ermita quiero dar testimonio de este milagro que aunque me dieron tres meses y medio de vida, ya llevo más de tres años largos. Y a los que no tiene fe y a todo le buscan explicación ¿cómo explican que una persona que tenía que estar muerta este aquí diciendo: ¡VIVA LA MADRE DE DIOS!"