SERMÓN DEL PATRIARCA DE LA CASA DEL ARCO IRIS PARA LA HUMANIDAD EN ESTA SEMANA SANTA (2010)
Imprimir E-mail

Queridos hermanos:

Esta noche es de luto y dolor, desgarro, pues es noche de transición de lo humano a lo divino.

Cristo está en la cruz, agonizando, desvaneciéndose varias veces, y en ellas viaja por el tiempo hacia atrás y adelante transformando su mensaje según la necesidad y entendimiento de los humanos. Él va a morir para enseñarnos que debemos esperar de Dios todo sin interés, que la vida es efímera y dura un instante.

Lo que realmente importa es el alma, que es eterna y cómo hemos vivido sembrando nuestra vida y la de nuestros semejantes. Cristo nos enseña que el perdón debe ser lo primero, sin juzgar, ya que si lo hacemos nos tratarán con la misma vara. Es un nuevo tiempo en el cual se deben arrancar las malas hierbas de nuestro interior (como orgullo, rencor, vanagloria o vanidad) y ser realmente un hijo de Cristo, responsable y consecuente, dejar de hacernos las víctimas, pues somos la mayoría de las veces verdugos. No sirve en un arrebato clavar un dardo venenoso a mi hermano en la espalda; debes ser responsable del daño que vas a hacer, ya que no es suficiente un simple "lo siento". Ese daño está ya hecho.

Pero, tranquilo, todos nos equivocamos, aunque hay que saber ser responsables y visualizar las consecuencias de las palabras y obras antes de hacerlas. Las dos son muy importantes y tienen un poder inimaginable, así que cuando con nuestras obras o lengua estemos hablando cosas que son divagaciones de ignorantes, debemos saber que vamos a pagar por ello, recibiremos con la misma medida que demos, si es amor, amor; si es lo contrario, lo contrario.

Cristo va a morir por ti y por mí, y lo hace por amor, obediencia y respeto a la voluntad divina. Aprendamos a aceptar la voluntad divina de Dios aunque nos duela y estaremos viviendo en el paraíso terrenal llenos de felicidad perpetua.

Hay mucho miedo a la muerte, piensan que es el fin. El fin no existe, es un principio a la vida. Esta vida sí es efímera y nosotros somos en las manos de Dios muñequitos de ceniza que con un soplo de su aliento nos convierte en polvo. Dentro de cada uno de nosotros está Dios, pues tú eres un pedacito de Él, y Dios es Cristo, así que en estos días de reflexión estaremos un segundo en la Cruz, en el lugar de Él, para que descanse. Y… ¿cómo lo vamos a hacer? Muy fácil:


-en el dolor, dar una sonrisa,
-en la preocupación, dar confianza,
-en las dificultades, dar alegría,
-y dar siempre mucho, mucho amor, que es como Cristo recibe, siempre dando,
-y amando al prójimo, que también es Cristo.

En fin, hermanos, la grandeza de Dios no es su Pasión y Muerte, Resurrección y Milagros, es su gran AMOR, por nosotros, aunque somos pecadores, ingratos, inhumanos, malagradecidos y sólo acudimos a Él para nuestro beneficio propio.

Es hora de cambiar y decir: “Gracias Señor, por lo que hacéis por nosotros a diario y siendo tan grande vivís en nuestro interior, solamente para ayudarnos a llevar nuestra cruz y compartir nuestros sufrimientos y alegrías y convertir nuestra cruz de mármol en una pequeñita de caña”.

¡Qué llevadera es la cruz que se comparte con Cristo! ¡Qué buen cirineo que sois! Y nosotros, ¡qué crueles soldados!, pues sólo sabemos culpaos de todo lo malo del mundo. Es muy fácil cargar con nuestra responsabilidad a alguien tan bueno que no te lo va a reprochar.

Somos crueles soldados lanzando un látigo sobre vuestra espalda y Vos cuando os incorporáis, os acercáis y nos besáis.

Gracias mi Jesús, por morir en la cruz por la humanidad.

Así que debéis saber, que cuando estéis muertos, si el demonio se acerca y os dice: “Sois míos, os he comprado con el precio de vuestras maldades y pecados”, decidle con seguridad: “Mi alma no es mía, es prestada, es de Dios, y Él pasó por la Tierra y sufrió en su vida Pasión y Muerte y una muerte horrible en una cruz, para que quien se acoja a Él, tenga pagada la totalidad de sus pecados”.

Gracias Dios mío, gracias Jesús, perdonadnos por ser tan imperfectos.

Esteban de la Soledad