Santa Eucaristía
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El acto más sublime y agradable a los sentidos de Dios es la consagración y la recepción de Sacramentos. En la consagración, el sacerdote es el vehículo por el cual el mismo Cristo se materializa en cuerpo y sangre. Al recibirle en nuestro ser regenera y activa la presencia de Dios en nosotros.

Las personas han olvidado el verdadero significado de la Comunión, han dejado de creer en que Cristo realmente se halla presente en Él. Hoy en día se toma como si de un simple trozo de pan se tratara, lo toman porque es una costumbre, no por lo que es, Cristo.

Da pena ver en algunos lugares quién da la Comunión y cómo la reciben: la dan personas que no han sido consagradas para ese acto, cualquier persona puede coger el copón y repartir las Comuniones como si de chucherías se tratara, sin importarles lo que es, pues seguro que si realmente lo supieran, serían las primeras en renunciar a darlas, pues no se verían dignas de ello sin antes estar preparados. Después toca ver la forma de recibirla: es moda colocar la hostia en las manos y que cada uno la recoja y se la meta en la boca como si nada.

¡Cuánto se ofende a Dios! Ya no por Él, sino por el hecho de que al no haber recibido la Comunión directamente de manos sacramentales y en la boca, se deja de recibir su esencia, pues está así preestablecido.

Jesús en la Santa Cena fue dando el pan uno a uno e introduciéndoselo directamente en sus bocas, pues en el acto que enseñó, mostró al mundo cómo se podía llamar y recibir la esencia de Dios en nuestra alma, de sus manos consagradas y santas al interior de nuestro cuerpo donde la esencia se extiende por el espíritu saciando nuestra hambre eterna de Dios.

Así que os pido que hagáis una reflexión sobre este sacramento, sabed que Cristo nos dejó a los humanos la forma de poder llamarle para recibirle dentro de nosotros. Hagámoslo, pues, como debe ser, con total humildad y sumisión a Él, y con el amor más grande.

Nuestra señora ha anunciado en numerosas ocasiones que a Dios le agrada el que nos postremos de rodillas antes de recibir el santo sacramento de la Comunión, en señal de humildad y amor a Él, sintiendo con todo el corazón que verdaderamente le vamos a recibir en nuestro interior.

Cada sacramento tiene unas bendiciones e indulgencias diferentes, quedando todas las recibidas adheridas a nuestra alma para utilizarlas en la vida terrenal o en el juicio divino venidero.

Celebración de la Eucaristía en la Teja Celebración de la Eucaristía en la Ermita

Si supieran las personas el valor de la Eucaristía para el purgatorio, se preocuparían más de este acto, el más sublime de los que Dios nos ha regalado, para bien de nuestra alma, tanto aquí como posteriormente cuando crucemos el umbral de la muerte terrenal.